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Recuperando mi brillo, honrando mi cuerpo.

  • Foto del escritor: Mariel Orellana
    Mariel Orellana
  • 11 feb
  • 4 Min. de lectura

Hace un tiempo, para un año nuevo, decidí hacer un retiro Vipassana de diez días. Además de la voluntad y la disciplina que aprendí en el proceso (porque realmente fue de las cosas más difíciles que he hecho) descubrí algo muy interesante: no tenía sensibilidad en el área del abdomen y era muy difícil para mí relajar y sentir esa zona de mi cuerpo.


Tenía todo el sentido... Eran años, desde niña, de mantener la panza metida y tensa. De no poder soltar y vivir constipada. Años de dietas extremas, purgas, ejercicios que no disfrutaba --- todo para mantenerme delgada. Años de verme al espejo y aunque estaba perfecta, mantenía una narrativa subconsciente interna de rechazo, desdén e incluso odio. Décadas de no sentirme suficiente, de no aceptar mi cuerpo, de no escuchar mis necesidades y tratar de encajar en estándares sociales aprendidos.


Con el tiempo, en mi caminar espiritual, de manera intuitiva reconocí que había algo desalineado, pero solamente empecé a cambiar esas dietas y purgas por "ayunos", "depuraciones" y "desparasitaciones". Tenía tan asumida la narrativa que no lo notaba. Hasta que mi estómago pasó de no sentir nada, a dolerme muchísimo en la zona del abdomen bajo.


Era un dolor punzante y caliente que no se iba con nada. Fui a doctores, me hice endoscopías, colonoscopías, masajes abdominales, y mil cosas más. Todo parecía estar "normal". Yo sentía muchísimo dolor y frustración, y quería llegar a la raíz del asunto. Llegó un punto donde ya no podía usar pantalones apretados ni meter la panza. Probé de todo para curarme, pero siempre caía en la "solución" de hacer más dietas desinflamatorias o tomar pastillas naturales y suplementos. Hasta que gracias a una amiga, escuché de Giglia Canessa, una biodescodificadora cuántica... yo no tenía idea de lo que era, pero me resonó la recomendación.


Fui a su clínica y desde un principio sentí algo muy particular. Ella me escuchaba y solo con su presencia, yo podía notar mi narrativa interna. Durante cada sesión, Giglia me mostró el camino hacia mi propia sabiduría interior y con ejercicios muy concretos, empecé a cambiar las programaciones que tenía con respecto a mi cuerpo. Y poco a poco empecé a poder ver con más claridad mi brillo en el espejo.


No digo que ha sido un camino fácil el alinearme con mi verdad interna y, como con cualquier camino, las espirales, los desvíos y los retornos son donde más aprendemos, pero también donde encontramos capas más profundas de amor. Porque para mi, la belleza y la expansión habitan en el misterio. Definitivamente es un camino de integración amorosa, donde quizás la parte más compleja ha sido aprender a amar realmente y aceptar plenamente esta vasija sagrada que me contiene.


Me ha tomado treinta y nueve años poderme ver en el espejo y admirar mi cuerpo como admiro un atardecer en la playa. Con agradecimiento y asombro… bendiciendo los nuevos horizontes a los que me lleva con cada respiración profunda. 


UNTAMED es un retiro que nace desde ese aprendizaje y esa consciencia y se va tejiendo con sincronías. Resulta que ese mismo año tuve la oportunidad de ir a la Península Osa a visitar a mi amiga Angélica Araúz, quien me pidió que la ayudara a tomar fotos de Tumbo Resort. Al llegar allí me impresioné muchísimo de la frecuencia de esa tierra, que es vida vibrante, en todas sus formas… creadora, destructora, furiosa y suave, amorosa y despiadada. Verdaderamente indomable en su esencia. Bellísima y desordenada dentro del perfecto orden de la creación.


Al enterrar mis pies en la arena, caminar en esas playa con olor a Ylang Ylang y ver volar a dos guacamayas rojas encima mío... nadar en el mar al lado de una tortuga marina, levantarme con el grito del mono aullador de madrugada, lanzarme a la cascada de agua fresca tras haber caminado en un bosque primario de arboles enormes... y vivir una tormenta nocturna, inevitablemente entré en una presencia indescriptible y una comprensión profunda de que SOY NATURALEZA, y la misma energía de la creación que hizo algo tan perfecto como eso, me hizo también a mí. Me sentí pequeñita y enorme al mismo tiempo. Y eso terminó de recordarme mi poder, mi brillo y mi pureza.


Y en este caminar donde todo se entrelaza de las maneras más bonitas, con Angélica hablamos mucho esos días de la relación con nuestro cuerpo. Ella, una diosa muy taurina de la belleza y el placer, también ha transitado un camino de muchísima transformación (pueden leer su blog post aquí) y de repente nos encontramos imaginando el retiro de nuestros sueños. El retiro que hubiéramos querido tener hace algunos años para tocar esta esencia indomable y salvaje, y donde encontrar una comunidad de mujeres listas para recordar su brillo.


Y desde ese deseo y medicina profunda, se creó este un retiro único, donde seremos acunadas por la Madre Tierra en ese lugar espectacular, compartiendo nuestros caminares, haciendo prácticas somáticas, junto a la maravillosa Giglia, quien nos llevará a regresar a la sabiduría de los elementos y de nuestro propio cuerpo. Encontrándonos suavemente con la esencia de lo que somos. Terminaremos con una sesión de fotos que tomaré de cada mujer en su esencia indomable, que me emociona tanto! Esta invitación surge de nuestra experiencia, encuerpamiento y corazón, y genuinamente no puedo esperar a que llegue el día de estar allí reunidas.



 
 
 

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